Génesis. El primer día bíblico. Dios con nosotros.

Dios es el principio de todo. Y todo lo que existe por Él fue creado. Cuando se decidió a crear la tierra. Pensó en un lugar paradisíaco donde el hombre señoreara sobre todo lo que tuviera aliento de vida en sus narices. A semejanza suya nos creó. Nos hizo un poco menor que los ángeles. Hombre y mujer nos creó.

Crear la tierra no fue un trabajo sencillo aún para nuestro Dios. Hubo de crear a la par las leyes universales que sostendrían nuestro universo y las condiciones para que nuestra vida pudiera desarrollarse libremente. Nos creó las condiciones para que pudiéramos vivir en armonía, al tiempo que nuestros antepasados tenían un canal directo de comunicación con Dios; y que perdieron al desobedecer al Altísimo.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y fue a sí que en el Principio creó Dios los cielos y la tierra: Génesis 1: 1-5, y la tierra estaba desordenada y vacía. Y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la Luz; y fue la luz.

Y vio Dios que la luz era buena; y separó el Señor la luz de las tinieblas. Llamó a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

Es importante señalar que Dios no solo creó la tierra; sino que al mismo tiempo estuvo creando los cielos. Los cielos son la morada del Dios altísimo. Y se nos revela que la fuerza primigenia nuestro Dios habitaba los abismos. O sea, la eternidad. Y qué la luz no existía hasta que Dios la creó.

 Sea la luz dijo el Señor y vio que la luz era buena.

Durante la creación de los cielos y la tierra nuestro arquitecto divino trajo la luz. Por eso no debemos olvidar que la luz salió de las tinieblas. Antes de la luz todo era tinieblas, caos, agua y abismo. Pero el Señor dijo hágase la luz y vio que la luz era buena para su propósito. La luz fue creada para los cielos y la tierra.

Creada para hombres y ángeles. La luz y las tinieblas son las dos partas indisolubles de la creación divina. A la luz llamó día y a las tinieblas noche. Es por eso que un día está formado a partes iguales por tinieblas y oscuridad.