¿Dios me hará un milagro?¿Por qué no hubo un milagro para mí?

Muchos de ustedes se preguntarán ¿De qué manera puedo saber si Dios está de acuerdo con lo que hago? ¿Realmente puede Dios hablarme? ¿Cuántos de ustedes en medio de una gran tribulación han alzado las manos después de haber estado lejos de Dios?

 La mayoría de nosotros hermanos, solo nos acordamos de Dios cuando la batalla que tenemos por delante es casi humanamente imposible de ganar. Nos acordamos de Dios en la enfermedad, en el dolor de una separación, ante la pérdida de un empleo, en las prisiones, cuando se nos enferman de gravedad los seres queridos.

Recibimos el milagro y olvidamos a Dios.

Y podemos ser más infieles a Dios aún porque cuando recibimos el milagro nos volvemos a olvidar de Dios. Porque Satanás nos convence de que eso no fue un milagro, y de que hay recuperaciones que suceden porque suceden; o porque amamos demasiado los placeres del mundo como para prescindir de ellos.

Hay personas que en medio de su gran dolor claman a Dios y terminan odiando a Dios porque no reciben consuelo a su dolor. Y lo que sucede es que cuando hay dudas en el corazón, cuando no hay fe verdadera, cuando no hay arrepentimiento verdadero; el espíritu no puede manifestarse.

No puedes recibir un milagro sin Fe y arrepentimiento verdadero.

No puedes pedir un milagro si no te has arrepentido de todos tus pecados. No puedes aspirar a milagros si tu alma no está limpia de contradicciones. No puedes esperar un milagro si no has renunciado a las cosas que te hacen caer en la tentación. No puedes pedir milagros si no te has convencido que Dios es el arquitecto de toda vida y que su voluntad sobrepasa toda razón humana.

Un milagro es una esperanza de vida nueva. Una segunda oportunidad que Dios da a las personas para salvación y vida eterna. Un milagro es la respuesta de Dios a una fe verdadera.

Nuestro señor escudriña los corazones. No se puede engañar a Dios. Eso no significa que tu dolor no sea verdadero. Significa que si los motivos por los que quieres recibir el milagro no son legítimos y no vienen acompañados de un cambio radical en tu vida. No habrá milagros sino desesperación y dolor.

Asegúrate al pedir un milagro que estás segura de que quieres cambiar tu vida para bien y estás dispuesta a entregar tu vida a Dios. De que estás segura de que Dios es capaz de cambiar tu vida para siempre.

Sabrás muy rápido si Dios te ha concedido el milagro porque sentirás su presencia tan fuerte que los vellos de tu cuerpo parecerán vivos. Y sentirás como fluye en ti un llanto de alegría que se llevará todo el dolor que habías estado experimentando.