Fears

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Your memory fades in the distance,

Far from my increasingly dark present.

Loneliness grows

every day that passes in this wait,

that fills my soul with silences.

If you could feel my heart surrender

with a single look of your eyes of time and short space!

Does not my pain go way in your silence?

Does not my silent waiting leave you speechless?

In the eaves the snow falls and you are far away.

In another city with other people.

I hope stranded in this love.

Like a broken mirror!

Reflecting fragments of what once was.

Today you sent your photo.

You said you miss me,

that you remember me like the first day

But it’s not enough!

Time feels to fall. And the minutes,

They are no longer those of 5 years ago.

I do not have time anymore.

I need to live!

The sand is falling inexorably

about my biology

The clock does not stop its march.

Walk faster and faster.

And if you do not come back?

I will have waited in vain!

I will be a tree that dried up,

waiting for the rain.

Without flowers or fruits to show.

Apocalipsis.

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 Esa mañana había ido a pasar mis vacaciones en un hotel de la playa.¡ Al fin aire libre y libertad!

Había una red de piscinas de aguas azules que serpenteaba hasta el mar. Mi hermana se había encontrado un pretendiente muy rico que le regaló unos hermosos aretes adornados con dos grandes zafiros.

Yo misma le había dicho que era un joven muy apuesto. Palabras al viento. Ella lo despidió sin escucharlo siquiera.

Me había adormecido bajo el calor del sol cuando una extraña sensación me sacó de mi modorra. Enseguida pensé

─ ¿Dónde está mi hermana?

La busqué con la mirada pero no estaba. Presa de una congoja creciente salí a buscarla. Me percaté de que sin darme cuenta estaba caminando sobre las aguas poco profundas de la alberca.

Los huéspedes se quedaban con la boca abierta al verme andar sobre la piscina que terminaba bruscamente en el balcón del piso veintiuno. Uno de ellos estaba tan borracho que empezó a dormitar aferrado a la escalerilla.

No sé lo que pasó por mi cabeza en esos momentos. Me dije a mí misma que si podía caminar sobre el agua.¿ Por qué no sobre el aire? Temerariamente di un paso hacia el vacío. Allí estaba yo en medio de la nada sostenida quien sabe por qué invisibles alas o quizás por la voluntad oculta de un ser superior

Fui dando pequeños pasos hasta que entendí que no era un sueño. Siempre había querido hacer algo así. Cuando alcé la mirada mi hermana me observaba boquiabierta por la ventana del apartamento del frente.

En medio de mi alegría le grité

─ ¿Has visto lo que puedo hacer?

Volví a rehacer el peligroso sendero. Esta vez con ella que había descendido por el elevador para ver mis trucos. Sentí una idea que latía en mi interior impulsándome hacia la playa.

Ella me siguió como hacía siempre. Sin hacer preguntas. Osadamente caminé sobre las olas. Pero algo me alejaba más y más de la orilla. En un esfuerzo de deshacerme de aquella voluntad que se me imponía me elevé sobre el mar.

Todo pasó tan rápido. ¡Volaba sobre la playa! El olor del salitre penetraba los poros de mi piel. Una muchedumbre me miraba en silencio mientras yo planeaba sobre las transparentes aguas. Luchando contra algo que quería que me elevara hacía el infinito. ¡Pero tenía miedo hacerlo!

La extraña sensación de peligro que me despertara cuando salí a buscar a mi hermanita se hizo más fuerte. Bajo mi mirada el océano se fue poniendo oscuro. Enormes peces empezaron a surcar las aguas saliendo de las profundidades del abismo.

Me acerqué para observarlos de cerca. Aquellas criaturas eran oscuras como la pez y sus ojos parecían carbones encendidos. Casi llegué a tocarlos con las manos.

Aquella cosa invisible que me acechaba no se rendía. Siguió tirando de mi hasta que el primer gran terremoto de muchos sacudió la tierra. Los edificios se hundían desde sus cimientos y el suelo de concreto se fracturaba dejando al descubierto peligrosas cimas.

Del mar empezaron a emerger cientos de poderosos tornados que barrieron la playa. Engullían los edificios del hotel haciendo explotar las tuberías de gas. Los escombros y el fuego se mezclaban a una velocidad prodigiosa destruyendo todo lo que se interponía en el camino.

Perdí a mi hermana en medio del fragor de la destrucción. Con el temor mis habilidades se redujeron. Mi único deseo era llegar al pueblo donde se había quedado mi madre. Volé sobre el fuego y los escombros.

No podía elevarme más arriba de los altos techos aunque lo intentaba con todas mis fuerzas. Mi vuelo era lento y dificultoso.

─ ¿Donde estás ahora invisible ser?¡Me has abandonado!¡Te has rendido!¿ Es este mi destino?

A mi alrededor los edificios se derrumbaban con estruendo. A mis espaldas rugía el enorme tornado de fuego que iluminaba el atardecer como una gran antorcha.

Intentando remontar el último de los edificios sentí un latigazo sobre el hombro y la espalda. Había sido golpeada por un afilado cable desprendido de los escombros. Entre oleadas de un dolor punzante fui descendiendo. Mi mente se nublaba por la pérdida de sangre.

Una mujer al ver mi estado me trasladó a una casa cercana. Debajo había un inmenso bunker subterráneo. Caí desmayada.

Desperté pocas horas después. La herida que me cruzaba la espalda había sido suturada. Mi primer pensamiento fue;¡ Mi madre!. Me levanté como pude. Salí a la calle cubierta de ruinas humeantes.

El tornado había ido hacia el este con su carga de destrucción mientras yacía inconsciente .

Corrí entre los escombros. Unos escasos cien metros me separaban de la casa que rentaba mamá. A lo lejos pude ver el torbellino de viento y fuego que se acercaba. Después de rodear nuestras pequeña isla había tomado fuerza.

Ella estaba sentada afuera con la mirada triste. Al verme sus ojos se iluminaron.

La arrastré conmigo.

─ Vamos mamá. Hay un refugio cerca. Allí estaremos a salvo.

─ Hija no podemos dejar la casa.¡ He visto ladrones!Acaban de robar en la casa de Marta aquí al lado.

Por su respuesta entendí que estaba en shock. Tiré de ella aconsejándole que era mejor salvar la vida que morir junto a unas cuantas chucherías materiales.

El color se hacía más fuerte. Mis heridas se habían abierto con el esfuerzo. Mamá estaba débil para andar y hube de cargarla sobre mis hombros. Tras de mí rugía el torbellino de fuego . A escasos treinta metros estaba el bunker.¡ La salvación estaba tan cerca! Pero las fuerzas se me habían agotado

Mi madre lo notó. Me pidió con lágrimas en los ojos que la dejara allí.

─ Yo ya he vivido suficiente mi niña. Sálvate tú.

Con fuerzas sacadas del dolor me elevé veloz hacia el cielo. ¡No la abandonaría! Podía sentir su cuerpo frágil aferrarse a mí. Subí hasta quedarme sin respiración. Desde allá arriba vi lo que quedaba de nuestro mundo. Fuego y escombros.

─ ¿Mamá?. ¡Mira!. ¡Nuestra tierra! Solía ser zul.

Toc, toc, toc.

─¡ Hija! Despierta. Llegarás tarde al trabajo.

Corazones de acero

 

Estaba sentada sobre una vieja silla de ruedas al lado de una señal de tránsito cerca de un gran mercado local moscovita. Era  entrado el invierno. La nieve corría por su cara amoratada por el frío.

Temblaba levemente de tanto en tanto. Sus ropas raídas no la protegían del embate del viento especialmente rudo que soplaba despeinando los árboles hasta estrellarse contra los parabrisas de los autos.

Su cuerpo incapaz de resistir las privaciones estaba colapsando cuando acerté a pasar por su  lado. Los dedos se le agarrotaban dentro de los viejos guantes.Sus ojos se agrandaban en una triste expresión de miedo y desamparo.

Me acerqué  para auxiliarla. Se abrazó a mí mientras era sacudida por violentos espasmos. Balbuceó palabras que no entendí en tanto sus  lágrimas se cristalizaban formando diminutos carámbanos sobre sus mejillas hundidas.

Pedí ayuda a los que pasaban mientras la sostenía entre mis brazos. Solo miraban y seguían de largo sin cambiar la mueca indiferente de sus rostros cansados.

Poco a poco se fue calmando. Acaricié sus cabellos que una vez fueran rojizos.  Le sonreí mientras le hablaba.

─ No te preocupes. Estoy aquí.

Sabía que no me entendía aun así intenté confortarla todo el tiempo que pude.

Había llamado  a urgencias. Se demoraban en llegar.

El clima se deterioraba rápidamente. Yo sentía mis manos acalambradas por la inclemencia del tiempo. La temperatura había descendido tanto que mi cuerpo estaba aterido debajo del abrigo de piel.

Con el transcurso de los minutos algunas personas se habían reunido a nuestro alrededor. Mostraban una curiosidad insana. Ninguno se acercó a ofrecernos apoyo. Solo percibía la fría indiferencia ante el dolor ajeno.

La apreté sobre mi corazón. Una creciente ternura por aquel ser desvalido se abrió paso en mi alma. Uní mis lágrimas a las suyas deplorando en el alma la insensibilidad de la gente que nos rodeaba.

La expresión de su rostro se volvió serena y sonrió. Me percaté del océano de calma que llenaba sus ojos azules. En lo plácido de su sonrisa gastada por los años. Por un momento pensé que estaba bien. Un segundo  después se había ido

Los transeúntes seguían allí con la mirada hosca. Sin una pizca de sentimiento en sus rostros de rara belleza. Como sin un invierno perpetuo se alojara en sus vidas atrapándoles el corazón entre el hielo, la nieve y elulular de la ventisca.

Esa fue la primera vez que vi Moscú. Los torreones dorados de las iglesias se alzaban hasta llegar al cielo. Las  imágenes de un glorioso pasado habían dejado vestigios de grandeza en las avenidas de árboles desnudos.

Conocí  gente que dice  enternecerse con los mendigos en las calles con las familias que han perdido sus hogares. Pero nada es cierto.

No han extendido su mano para aliviar la pobreza de estos parias del destino a pesar de saber que muchos de ellos no sobrevivirán el crudo invierno ruso.

La generosidad es solo un mito en la pared. Para lo mayoría de las personas que traté todo tiene su precio. Incluso la amistad o el amor.

Es como si la ciudad respirase  e  inyectara  veneno a  las personas que viven en ella. Bella y fría ciudad de violencia blanca y amaneceres olvidados. Caminé por las avenidas. Me senté en sus parques donde solo los más jóvenes se divierten  sin el peso de lo que pasará mañana. Regresé  a casa triste.

Recordé mi ciudad de sol y mar. La gente cálida  que ama y lucha aunque vivan momentos duros. Aunque no saben que pasará con sus vidas cada vez que  amanece.

Extrañé los gritos de los vecinos invitándose al café matinal desde los balcones abiertos. Las manos extendidas para hacer suyo el dolor ajeno. La esperanza en la mirada.

¡Sí! Hay personas malas como en todas partes.Pero son los menos. No  como en esta ciudad orgullosa y virulenta que hoy me acoge con altivos ojos.Que me ve pasar como un resto de brisa. Riéndose de mi humanidad a flor de piel.Con la esperanza de cambiarme para siempre.

Desde su trono de hielo la ciudad destila amargura sobre sus propios hijos. Se pierden en la vorágine de sus vidas vacías. Encerrados cada uno dentro de su mundo inalcanzable como máquinas de huesos y sangre. Sin amor ni futuro.

Cae la nieve pero no me afecta. Jack Frost ha dibujado un mundo mágico con copos de nieve en mi ventana.Me ha mirado con sus ojos grises sonriendo mientras dibuja.

La nieve se posa otra vez en mis cabellos negros. Me pregunto ¿Podrán ellos ver al dios del invierno cuando se desliza sobre el viento con sus vestidos tejidos de cristal? A su paso todo queda dormido.

¡Pero mi corazón seguirá latiendo bajo la escarcha!