Fragmento de novela. El Dragón negro y la Emperatriz de Loto

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Muchos se preguntarán de que va esta novela que ha llegado al top 77 de lo más vendido en la sección de Acción y Aventura de Kindle Amazon en 19 días. Los dejo con un framento de este precioso libro de aventuras.

Capítulo II. El despertar del Dragón

Al amanecer los reclutas vieron interrumpido su sueño por el sonar de una campana de metal. Los niños del primer piso eran hijos de nobles. No estaban acostumbrados a levantarse temprano. El comandante a cargo del cuadrante norte era un hombre de carácter fuerte, pero justo.

Parado en medio del salón arengó con voz de trueno.

─  Esto que ha pasado hoy. Infringe la disciplina militar. Ustedes son soldados. ¡Ya no son niños! Quedan advertidos. El que no esté preparado para salir al campo cuando se escuche la doceava campanada. Recibirá quince azotes con un látigo de verga de buey.

Después será atado medio día en la plaza para escarmiento de vagos y morosos. ¡Andando!

Desfilaron en una larga hilera. Hacía frío. La media hora para llegar a la base de entrenamiento del cuadrante norte se hacía insufrible. Julie era la única niña en aquel grupo de cincuenta.

El comandante que a la vez ostentaba el título de General Supremo, la observaba de reojo. Mientras otros niños  caminaban con dificultad; ella parecía no experimentar el cansancio, ni el viento helado que dificultaba la marcha.

Nada más llegar los recibió Arak. Capitán de la guardia.  Los formó en la planicie dándoles instrucciones. Era de presencia agradable a pesar de la enorme cicatriz que le cruzaba la mejilla derecha. Se dirigió a sus nuevos reclutas con palabras concisas.

─  La primera etapa en vuestro entrenamiento será fortalecer el cuerpo. Para lograrlo deberán correr muchos quilómetros cada día.

Cuando sean lo suficientemente veloces y resistentes comenzaremos con los ejercicios de fuerza.

Descansen diez minutos. Correrán al paso durante una hora para comenzar el día. Acomoden su cuerpo a un ritmo de marcha que les permita ahorrar energías.

Este será el día más difícil de todos. Sus piernas dolerán y pesarán como plomo. Respirar será doloroso. Sentirán en sus costados agudas punzadas Pensarán que no podrán hacerlo pero deberán terminar la carrera.

El que no pueda pasar esta prueba avergonzará a su familia . El futuro de sus clanes está en sus manos.

Un circuito alrededor de este cuadrante está diseñado para esta prueba.

Los primeros en llegar serán recompensados. Los que no puedan terminar, no importa las razones serán expulsados.

Deben llegar por sí solos. Si están heridos, un compañero les ayudará voluntariamente.

El circuito era bastante abrupto. Subidas empinadas  matizadas por largas planicies, en un recorrido de cinco km. Para niños que nunca habían salido de sus casas era un reto inimaginable.

Los padres habían sido lo suficientemente previsores como para darles educación a sus hijos en materia de lucha cuerpo a cuerpo así como también los iniciaron en el control del elemento que cada clan había heredado de los antiguos.

Esto podía ayudar. El cuerpo podría resistir con menos esfuerzo la carrera.

 

Aliú el hijo del señor del sur, era un mocetón orgulloso. Tenía doce años. Era el más fornido del grupo.

─ Yo ganaré la carrera. ─ dijo, mirando desafiante al grupo de niños que se extendía frente a él. Los chicos no voltearon la vista para mirarlo siquiera.

─  Menos palabras y más hechos.─ rugió Arak.

Con el sonido de la campana partieron los corredores. Un soldado experimentado, lideraba la carrera. Se percató rápidamente de que los niños no eran tan débiles como suponía.

Veinte minutos, y habían recorrido más de la mitad del circuito. Faltando un km la carrera estaba apretada. El grupo era compacto ninguno se había retrasado. Arak miraba desde el observatorio pensando.

─ Este grupo augura un buen pelotón de jefes de cien y mil soldados. Espero no me decepcionen. Será difícil elegir al líder.

Sería más sencillo de lo que suponía. Contrario a todas las reglas de seguridad. Un lince de las montañas se cruzó en el camino de los reclutas, atacando a Aliú que iba en la parte delantera.

Todos continuaron la carrera por la ansiada recompensa. Al soldado le estaba prohibido intervenir en lo que sucediera dentro del circuito.  Se quedó observando con tristeza.

Le agradaba aquel mozalbete un poco salvaje. Uno de los niños se desprendió de la fila. Arrebatándole la espada corta de la cintura al soldado que iba guiando al pelotón .

Arremetió contra el animal que al verse atacado dejó a su víctima para hacerle frente a la nueva amenaza.

Aliú dudó un momento, y se lanzó en persecución del grupo. Dejando a su salvador a merced de la fiera.

El rostro del soldado cambió de color. El niño era fuerte pero la bestia era demasiado para él solo. Otro niño salió de la fila abalanzándose sobre el lince que tenía a su víctima en el suelo.

Sacó un puñal de su cintura clavándolo con toda su fuerza en la garganta del depredador; al mismo tiempo el niño derribado  hundía la espada corta en el corazón a la bestia.

El soldado no cabía en sí de satisfacción al ver la manera en que concluyera el incidente. Era obvio que uno de los niños estaba mal herido, pero no había pasado lo peor.

Se dirigió al que había apuñalado a la fiera para felicitarlo por su valentía. Se sorprendió gratamente al reconocer  a la única niña del grupo.

Se le había dificultado reconocerla porque vestía el mismo atuendo de los chicos. La diferenciaba la larga melena dorada que en forma de cola, enmarcaba su lindo rostro de ojos verdes.

─ Bueno, ─ dijo el soldado alarmado mirando al pequeño tendido sobre la tierra; mojada por la sangre que brotaba de sus heridas

─ Todo ha acabado para ti niño. Fuiste muy valiente . Veré que no te expulsen por no acabar la carrera. Aún  queda  un kilómetro, pero tus heridas son demasiado serias para continuar.

─¡ No me rendiré ahora!¡ Terminaré la carrera!─ Gritó Etibar con un nudo en la garganta.

Estaba débil por la pérdida de sangre. Cayó desmayado cuando intentaba incorporarse. El soldado se agachó para sostenerlo pero Julie se interpuso.

─ ¡Quítale las manos de encima!

Sabía que si su compañero no llegaba por sus propios pies o ayudado por sus compañeros no lo admitirían. No importa cuán valiente hubiera sido.

Eso le molestaba. Le parecía injusto después del sacrificio hecho por  el recluta.

Lo cargó sobre sus espaldas colocándolo horizontalmente sobre su nuca.  Su maestro le había enseñado a cargar un pesado leño en el  campo de entrenamiento. Solía caminar con el tronco sobre los hombros, durante horas

Siempre se preguntó para que le serviría aquello. Ahora tenía la respuesta. Después de todo el viejo era sabio.

Sujetó las extremidades del niño con los brazo en forma de arco y salió caminando.

La última  cuesta era empinada. El cansancio hacía mella en su cuerpo. Nunca antes había cargado ese peso subiendo una colina por tanto tiempo.

Los ojos se le nublaban por el esfuerzo. La voz del soldado la animaba a seguir adelante dando voces recias.

─ Muy bien soldado. Un paso tras otro. Veinte metros más soldado. ¡Tú puedes hacerlo!

Atravesó la línea de meta cuando el gong daba la última campanada.

 

Autor: novarosales

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