El príncipe de los cuervos. Fragmento

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Capitulo 2 . La mansión del Cuervo.

La sacó de la tienda abrazada. Ju llevaba las flores en las manos. Nunca su corazón había rebozado felicidad como aquel día. Antón condujo durante una hora.

La casa familiar estaba lejos del tumulto de la ciudad. Durante el camino no dejó de decirle cuanto la quería.

Cuando llegaron el sol se había ocultado. La casa era como una fortaleza protegida por grandes murallas. Fue todo lo que pudo ver en la oscuridad de la noche.

El enorme salón al que entraron estaba levemente iluminado. Una señora de mediana edad bajó a recoger los abrigos mientras avivaba el fuego de la chimenea.

─ ¿Es tu madre? ─le susurró al oído

─ No. Soy huérfano. Mis padres murieron en la última guerra. Quedamos pocos de la vieja estirpe pero aún estamos de pié

Si quieres puedes tomar un baño y bajar a cenar. Acostumbramos  sentarnos a la mesa a las  ocho pm. Ira te llevará a nuestra habitación.

Con un poco de vergüenza  le pidió que tomaran el baño juntos.  Antón sonrió ampliamente mientras le decía.

─ Sólo esperaba que me lo pidieras. Ve, en un minuto estaré contigo.

La mujer la llevó a través de un corredor alfombrado de rojo. Se detuvo ante una gran puerta de nogal que  abrió sin hacer ruido. La habitación era inmensa y estaba amueblada con exquisito gusto al estilo victoriano.

La gran cama también de madera de nogal se alzaba en el centro de la recámara. Cubierta con cortinajes de seda negra con bordados dorados.

Le pareció extraño que la mayoría de los acabados terminaban en figura de ave de oscuro plumaje.  En las que reconoció la figura de un cuervo al cabo de unos minutos.

─ Sabe ─ le dijo a la señora que la acompañaba─ estas figuras me recuerdan a un cuervo que tuve en mi casa una semana. Estaba herido.

La señora esbozó una sonrisa cómplice mientras le preguntaba

─ ¿ Te gustan los cuervos?

─ Nunca había visto uno hasta hace poco. Si todos son como aquel .

¡Me gustan!Era un ave muy tierna e inteligente.

La mujer iba a seguir hablando . Una mirada severa de Antón que entraba en ese momento le selló los labios.  Salió de la habitación con la cabeza baja.

El joven se veía feliz.

─ ¿Te gusta nuestro hogar?

Se le acercaba lentamente . La miraba con los ojos brillantes. Ella sabía que cuando la miraba de esa manera la deseaba y no aceptaría un no por respuesta.

Estaba tan nerviosa que echó a correr por la recámara mientras Antón la perseguía excitándose más con el preámbulo imprevisto.  La alcanzó en la ventana y tomándola en sus fuertes brazos la depositó en el lecho. Estaba tan desesperado por poseerla que rasgó las prendas de ropa que Ju llevaba puestas.

Cuando la tuvo completamente desnuda y temblando entre sus brazos. La poseyó. Primero suavemente . Después con una pasión tan salvaje que las huellas de sus dedos quedaron grabadas en el cuerpo moreno de la muchacha.  Desfallecida de placer en los brazos de aquel hombre. Al que ya amaba ciegamente.

Se despertó cuando sintió besos sobre su boca. Abrió los ojos somnolientos.

─ Te quedaste dormida y no quise despertarte. Has tenido un día duro. Pero mañana debes sentarte  a la mesa. En casa respetamos mucho las tradiciones. Te he traído algo ligero de cenar. Debes estar hambrienta.

Antón puso sobre la cama una bandeja de plata.  Contenía una jarra con jugo de naranja. Un muslo de pollo asado aun caliente y varias lonjas de carne magra que se veían muy apetitosas.

Comió y bebió con ganas mientras él la miraba sonriente. Ira esperaba en la puerta para llevarse la bandeja con los restos de la cena.

La alzó de la cama suavemente después del refrigerio.

─ Vamos, te he preparado el baño. Cuando estés limpia descansarás mejor.

En una puerta lateral disimulada por una cortina de encajes. Estaba la entrada al baño. Moderno en comparación con la habitación. Se accedía a un jacuzzi subiendo cuatro grandes escalones.

Dos bañaderas con puertas corredizas de cristal se levantaban a cada lado de las paredes. Los lavabos estaban dispuestos de forma simétrica dándole al lugar un aire de organización y pulcritud.

Antón había dispuesto todo con verdadero cariño. El agua tibia  estaba cubierta de pétalos de rosas que flotaban sobre la espuma blanca. Los efluvios olorosos del incienso perfumaban el aire. Ella se introdujo dentro del agua cálida y perfumada sintiendo una agradable sensación de bienestar.

También él se desvistió y se metió al jacuzzi. Se sentó detrás suyo abrazándola y masajeando sus hombros con ternura.

─ No sabes cuánto te amo. ─  Julie podía sentir en la inflexión de su voz cuanto le costaba expresar sus sentimientos.

─ Desde la primera vez que te vi me volví loco. No me canso de mirarte ni de desearte. Cuando tengo tu cuerpo así en mis manos.  No puedo dejar de pensar en  hacerte mía.

Ella lo sabía. Estaba sintiendo en la espalda la erección que le estaba provocando . y lo deseaba también.

Se viró de frente mirándolo a los ojos sin vergüenza por primera vez. Se sentó a horcajadas sobre sus piernas . Se le entregó sin ningún prejuicio.

Disfrutó de su intimidad hasta la madrugada. Cuando Antón la cargó para llevarla a la cama. Estaba exhausta de placer.

Autor: novarosales

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