Extinción

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Siempre pensó como sería tomar a su bebé en los brazos. Escuchar sus primeros balbuceos. La máquina le había asegurado que el feto sería saludable.

─Su coeficiente intelectual será mayor  que el de cualquier adulto al nacer y seguirá aumentando mientras crece.─ Anunció el robot con voz metálica para luego aconsejarle─ Deberías no tenerlo. Ustedes los humanos siempre encuentran la forma de autodestruirse.

Ariana ignoró el comentario. No sabía que los robots pudieran ser mordaces. Seguramente estaba averiado. Lo reportaría apenas saliera del hospital.

─ Es una bendición─ Pensó sobando su vientre puntiagudo mientras esperaba en el salón de parto. Hacía mucho que intentaba quedar embarazada sin lograrlo.

Habían quedado atrás esos días en que la mujer daba a luz con dolor. La tecnología les permitía estar adormecidas mientras los médicos extraían a la criatura con ayuda de máquinas estilizadas.

Media hora después le entregaron la bebé. Era hermosa. Sus ojos eran de un extraño color púrpura y la miraban fijamente. Le recordaban a un joven con el que tuvo una aventura meses atrás cuando su relación estaba a punto de romperse.

Había sido tan tierno. La escuchó mientras llorando y un poco ebria daba rienda suelta a sus quejas y lo ponía al tanto de su miserable vida. Le había secado el rostro con su pañuelo calmándola con voz persuasiva.

Después hicieron el amor como locos en un motel de las afueras de la ciudad. Cuando regresó a casa recordó que ni siquiera le había preguntado su nombre. Pero no hizo falta. Él desapareció de la misma forma que había llegado.

Abrazó fuerte a su hija impregnándola de amor.

Le parecía escuchar en su cerebro una voz armoniosa que le decía.

─ Al fin te conozco mamá.

Ariana pensó que era su mente jugándole una mala pasado. Había leído en alguna parte que muchas mujeres sufrían de una condición llamado estrés post-parto al dar a luz.

Revisó a la niña. Le extrañaba que no emitiera un solo sonido aunque sonreía como hacen los bebés. Se llevó una sorpresa al abrirle la boquita y cerciorarse de que no tenía lengua.

Horrorizada y enfadada tocó el timbre de emergencia. Acudió el mismo robot especializado en pediatría que la atendió el principio.

─ ¿ Qué desea? Sus signos vitales y los de la criatura están bien.

─ ¿No ve que mi hija tiene una mal formación en su boquita?.¡ No tiene lengua!

─ Su hija no tiene malformaciones señora. En cuanto a su aparato lingüístico dada su condición híbrida no lo necesita.─ Salió de la habitación dejando a la madre indignada amenazando con quejarse a la junta médica.

─ Pronto gracias a usted nada de esto existirá. ─ Fue la fría respuesta de la máquina.

Decidida a salir de allí tomó sus pertenencias y a la pequeña que parecía haber crecido dos palmos.

─ Mi padre llegará pronto. Tengo que despedirme mamá.

La voz en su cerebro no cesaba y la niña tenía los ojos llorosos.

Ariana miró a su hija con temor.

─ ¡Al fin lo entiendes mamá!

La abrazó mientras las naves invasoras nublaban el cielo.

Autor: novarosales

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